Y una voz del cielo decía: «Este es mi Hijo amado; estoy muy complacido con él».” – Mateo 3:17

Todos tenemos un DNI y un ADN.  Tu identidad como ciudadano de un país donde uno nació y un ADN de tu cuerpo. Pero creo que lo más importante es tu ADN espiritual. Jesús recibió su aprobación y validez de persona por parte de su Padre.  ¿Cuántos creyentes viven con el privilegio de ser un hijo de Dios?  ¿Sabes quién eres?  ¿Sabes que Dios vino al mundo para salvarte? Jesús sabía a quién pertenecía. Debemos tener la seguridad de lo mismo

Algunos problemas que surgen cuando pensamos en Identidad es que a veces solemos basar nuestra identidad en lo que tenemos. Pensamos que las cosas que poseemos definen lo que realmente somos.

Otro de los problemas es que a veces nos definen las palabras que dicen de nosotros. Nos dejamos llevar por las cosas que dicen acerca de nosotros y terminamos creyendo e identificándonos con esas frases.

También solemos basar nuestra identidad en lo que hago. Nuestros trabajos, nuestros roles, nuestros logros, etc. Lo que hacemos a veces termina definiéndonos.

Creemos que es muy importante que como sociedad sepamos quiénes somos. ¡RECUERDA! No somos lo que hacemos. No somos lo que poseemos. No somos lo que dicen de nosotros. ¡SOMOS AMADOS POR DIOS!

En esta verdad tiene que estar basada nuestra identidad, por ende, el desafío de este mes es que podamos vivirlo y de alguna manera creer lo que Dios dice que somos.

Pablo nos anima a través de las palabras a los Gálatas: “He sido crucificado con Cristo, y ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí. Lo que ahora vivo en el cuerpo, lo vivo por la fe en el Hijo de Dios, quien me amó y dio su vida por mí.”- Gálatas 2:20

Soy un hijo de Dios.  Soy lo que Dios dice que soy y ya nuestra vida no nos pertenece, le pertenece a Él.

Feliz Año Nuevo
Pastor Rocco