“No es que ya lo haya conseguido todo, o que ya sea perfecto. Sin embargo, sigo adelante esperando alcanzar aquello para lo cual Cristo Jesús me alcanzó a mí.” – Filipenses 3:12

Cuando miramos nuestras vidas y vemos cuáles son las cosas más importantes, comienzan a aparecer varias interrogantes, algunas de ellas son: ¿Qué es vivir con propósito? ¿Qué es mantener el enfoque y la dirección? ¿Para qué vivo? ¿Para quién vivo?

La palabra plenitud significa en términos cristianos, depender de las actitudes como el amor, la fe, la solidaridad, y el afecto hacia los demás. Con el tiempo la idea de sentirse pleno únicamente dedicando la vida a Dios se ha perdido cada vez más. Vamos a ver algunas áreas en la carta de Pablo a los Filipenses que nos ayudarán a tener una vida plena.

I. VIVIR CON SENTIDO DE PROPÓSITO

“Filipenses 3:7 Sin embargo, todo aquello que para mí era ganancia, ahora lo considero pérdida por causa de Cristo. 8 Es más, todo lo considero pérdida por razón del incomparable valor de conocer a Cristo Jesús, mi Señor. Por él lo he perdido todo, y lo tengo por estiércol, a fin de ganar a Cristo 9 y encontrarme unido a él.

Tu ganancia no viene de este mundo. Estamos completos en conocer más a Jesús y vivir por Su causa. Cuando entiendo que vivo por una causa mayor, pongo a disposición de Jesús, todo mi potencial, mis talentos, mis dones, etc. Todo aquello en lo que soy capaz de hacer, puedo entender que ahí no está mi ganancia, al contrario, todo eso lo tenemos por desecho, así como dice Pablo. Vivir con sentido de propósito es vivir por una causa mayor y trascendente…esa causa es Jesús.

II. VIVIMOS A TIEMPO COMPLETO PARA JESÚS

Filipenses 1: 13 Es más, se ha hecho evidente a toda la guardia del palacio y a todos los demás que estoy encadenado por causa de Cristo.

Filipenses 4: 22 Saludos de parte de todos los santos, especialmente los de la casa del emperador.

Estos versos nos muestran que Pablo escribe esta carta desde una cárcel. Podemos decir que se encontraba en una especie de arresto domiciliario. Pero esto no quiere decir que no estuviera custodiado, al contrario, tenía una custodia que al parecer era de alto rango.

Lo que resalto es que Pablo no pierde el tiempo. No le importa el lugar ni las condiciones en las que esté. Entiende que vivir para Jesús es vivir a tiempo completo para Él. Dios tiene el deseo de pasar tiempo con vos y formar en nosotros la importancia del tiempo como un recurso que no vuelve jamás. La invitación es a no malgastar el tiempo y que podamos redimir cada minuto para Dios.

Hay que aprender a organizar y gastar tu tiempo bien. No pierdas esta oportunidad. Todos tenemos 24 horas al día y 7 días a la semana. ¿Cómo estás usando tu tiempo?

III. VIVIMOS PARA DAR Y DEJAR DE SER CONSUMISTAS

Filipenses 4: 15 Y ustedes mismos, filipenses, saben que en el principio de la obra del evangelio, cuando salí de Macedonia, ninguna iglesia participó conmigo en mis ingresos y gastos, excepto ustedes. 16 Incluso a Tesalónica me enviaron ayuda una y otra vez para suplir mis necesidades.

Estamos viviendo en una sociedad que nos impulsa cada vez más a consumir. Somos bombardeados de publicidades que nos seducen a comprar y consumir una variedad de productos. Pero en Cristo tenemos que empezar a ordenar nuestras prioridades y nuestros enfoques, ya que nuestras finanzas son una manera que puede honrar a Dios. Pablo nos da el ejemplo de la comunidad de los Filipenses. Ellos se enfocaron en dar, en suplir las necesidades y en ir más allá de sus posibilidades. No se pusieron en la posición de reclamar, al contrario, estaban viviendo para darlo todo.

Te comparto algunas ideas prácticas, que te pueden ayudar para comenzar a consagrar tus finanzas a Dios: 1. Honrarlo con tu primer fruto que es tu 10%. 2. Hace un presupuesto con sobres y destina un 10% de ahorros. 3. Ahorra una cantidad de dinero de emergencia equivalente a un mes de sueldo. 4. Comienza a salir de tus deudas. 5. Dale proyección a tu plata y sigue ahorrando para el futuro.

Comienza a vivir en plenitud con tus finanzas.

IV. VIVAMOS CON METAS CLARAS

Filipenses 4:“14 sigo avanzando hacia la meta para ganar el premio que Dios ofrece mediante su llamamiento celestial en Cristo Jesús.”

Nuestros sueños no se comparan a los de Dios. Sus sueños son más grandes de lo que podemos imaginar. Lo único que necesitamos es consagrar nuestro futuro a Dios y poner todo en sus manos. Nuestra plenitud viene de una vida de entrega a Dios. La garantía que puedo darte es que Dios ha sido mejor conmigo de lo que hubiera pensado hacer por mi mismo. Dios me dio mucho más de lo que podría imaginar para mi mismo.

Podemos decir con el Apóstol Pablo, “todo lo considero pérdida por razón del incomparable valor de conocer a Cristo Jesús, mi Señor”.

¿Estás listo para vivir en plenitud?

Pastor Rocco