“Pidan, y se les dará; busquen, y encontrarán; llamen, y se les abrirá. Porque todo el que pide, recibe; el que busca, encuentra; y al que llama, se le abre” (Mateo 7:7–8)

I. La importancia de un toque

En Mateo 4:18-22 Jesús iba caminando junto al mar de Galilea, y vio a dos hermanos que estaban echando a la red al lago. Luego vio a otros dos hermanos que estaban con su padre recosiendo sus redes. Y en ese justo momento Jesús les propone: ¡Vengan, síganme! Todos ellos dejándolo todo le siguieron.

Jesús nos ve personalmente y nos llama individualmente. El toque personal de Jesús es lo que necesitamos.  Dice que “Jesús vio a dos…” y “más adelante vio a otros dos…” Es importante esta extensión de Jesús a cada uno para recibir el milagro en nuestra vida.  Él esta interesado en una relación íntima contigo.  Él te esta buscando para que lo sigas y recibas la sanidad completa.  ¡Él nos va a llamar para recibir Su toque!

II. Reconociendo la autoridad de Jesús

En Mateo 8:5-13 Jesús estaba entrando a Capernaúm, y se le acerca un centurión que necesitaba ayuda porque tenía un siervo que estaba enfermo. Este centurión le dice a Jesús en el verso 8 y 9: —Señor, no merezco que entres bajo mi techo. Pero basta con que digas una sola palabra, y mi siervo quedará sano. Porque yo mismo soy un hombre sujeto a órdenes superiores, y además tengo soldados bajo mi autoridad. Le digo a uno: “Ve”, y va, y al otro: “Ven”, y viene. Le digo a mi siervo: “Haz esto”, y lo hace. Jesús al escuchar esto quedó tan asombrado por la fe de este centurión que todo se hizo conforme a la forma en cómo creyó el centurión.

Jesús relacionó la fe con las personas que estaban bajo autoridad.  Tu milagro está conectado con tu reconocimiento de quién es Jesús.  El centurión no era un hombre religioso por lo que podemos llegar a pensar.  Solo sabemos que fue al lugar correcto.  Se acercó a Jesús para ver el milagro de su siervo que estaba enfermo.  Jesús respondió a la fe, no a la necesidad.  La necesidad llevó al centurión ir Jesús pero Él vio su fe.  Este aspecto de estar sujeto a Dios y a su autoridad es muy importante. Dice el relato que“en esa misma hora aquel siervo quedó sano.” ¡Que esencial es reconocer la autoridad de Jesús!

III.  Acepta que la sanidad fue idea de Dios

En el relato de Mateo 8:14-17 Jesús al momento de entrar en la casa de Pedro, se encontraba su suegra enferma. En el instante que Jesús la toca, la fiebre se le quitó.

La sanidad es idea de Dios.  Jesús entró en la casa, tocó la mano y  quedó sana.  Dios está interesado en la sanidad desde el principio y Él ha provisto la forma de extender su amor hacia nosotros. La profecía de Isaías dice que Jesús es quien “cargó con nuestras enfermedades y soportó nuestros dolores.” Él está siempre deseando que cada persona pueda experimentar la sanidad del cuerpo, del alma y del espíritu.

IV. Pide con fe

Vemos en Mateo 9:1 al 8 unos hombres llevaron a un paralítico a Jesús y la fe de estos hombres llamó la atención de Jesús para hacer una obra de sanidad sobre la vida del paralítico.

Me encanta leer en el relato la frase: “Al ver Jesús la fe de ellos.”  Dios siempre responde a la fe y si no tienes fe, Dios va a poner a tu alrededor a alguien con mucha fe. ¡Qué importante es tener este tipo de amigos que puedan levantar tu fe y abrir la puerta para tu sanidad!.  Jesús perdonó sus pecados y lo levanto para caminar.  Luego Jesús le dice “vete a tu casa.” El hombre se levantó y se fue.  ¡Tenemos que pedir con fe y creer en lo que Jesús va a hacer!

V. Comparte con los demás

En el relato de Mateo 10:1-8 Jesús les da autoridad a los discípulos y también les da diferentes responsabilidades para que puedan demostrar a otros la autoridad que Jesús les estaba dando. 

Tenemos que compartir con otros los milagros que hemos recibido.  Jesús reunió a los discípulos y les dio autoridad para que vayan, prediquen, oren por sanidad, oren para resucitar a los muertos, expulsar los demonios, etc.  Jesús también está buscando personas que puedan declarar: El reino de los cielos esta cerca.” Es una satisfacción poder compartir con otros lo que Dios hizo en nosotros. Este pasaje termina con una actitud de agradecimiento en la declaración de que  lo que “Recibieron gratis, denlo a otros gratis”.  Me encanta saber que recibimos todo por gracia y damos a otros por gracia.

Adelante,
Pastor Rocco

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