“Ustedes deben orar así: »“Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre,”  – Mateo 6:9

Hay un refrán que dice “La oración es el respiro del alma.” Mi pregunta sería, ¿cómo está tu respiración?

Vamos a enfocarnos en varios aspectos de la oración extraídos de Mateo 6, que nos ayudarán a descubrir la posición, las palabras, el poder, el perdón y la pertenencia de la oración en nuestras vidas. Estamos a la puerta de algo grande en nuestras vidas. Vamos a entrar en la puerta del acceso al trono de la gracia de Dios.

I. La Posición de Oración

»Cuando oren, no sean como los hipócritas, porque a ellos les encanta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas para que la gente los vea. Les aseguro que ya han obtenido toda su recompensa. Pero tú, cuando te pongas a orar, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora a tu Padre, que está en lo secreto. Así tu Padre, que ve lo que se hace en secreto, te recompensará.

 ¿Le das importancia en la posición cuando estás en oración? ¿En la actitud de corazón? ¿o en todo? La Biblia si habla de este tema: Postrado ante Dios (Gen. 17:1-22), Arrodillándose ante Dios (Filipenses 2:9-11), Inclinándose ante el Señor (Job 1:20–21), Parado ante el Señor (I Juan 2:1–2), Sentado ante el Señor (Efesios 1:15–23), Mirando hacia el cielo (Salmo 121:1–2), Estiramiento del brazo (I Timoteo 2:1–4, 8), Saltando de alegría (Mateo 5:12). Lo que Jesús enfatiza es entremos a un “lugar secreto” para estar centrados en Su presencia, con el propósito de que otras persona no nos vean.

II. Las Palabras de la Oración

Y al orar, no hablen solo por hablar como hacen los gentiles, porque ellos se imaginan que serán escuchados por sus muchas palabras. No sean como ellos, porque su Padre sabe lo que ustedes necesitan antes de que se lo pidan.

No es la cantidad de palabras sino entender que estamos comunicándonos con el Rey de Reyes y Señor de Señores. Jesús dice “porque su Padre.” Hablamos con Dios como ese padre que tiene tantos deseos de pasar tiempo con sus hijos. Papá está esperando escuchar tu voz. Salmo 33:9 dice que “Dios hablo” y trajo todo para existencia, así que cuando declaramos con palabras sus palabras y su corazón Él va a traer a existencia las cosas que no son como si fuesen. (Romanos 4:17).

III. El Poder de la Oración

»Ustedes deben orar así:»“Padre nuestro que estás en el cielo,
santificado sea tu nombre,10 venga tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.11 Danos hoy nuestro pan cotidiano.

Dios manifiesta su poder cuando declaramos quien es nuestro Dios. “Padre nuestro…santificado sea tu nombre” nos da identidad y nos muestra su santidad. Cuando me identifico con Él, hay autoridad en mi vida para manifestar su señorío. “Venga tu reino” y “hágase tu voluntad” nos demuestra una gran soberanía que tiene nuestro Dios sobre todo. Hay gran poder cuando nuestro clamor a Dios es en acuerdo con quien es nuestro Dios.

IV. El Perdón en la Oración

12 Perdónanos nuestras deudas, como también nosotros hemos perdonado a nuestros deudores.13 Y no nos dejes caer en tentación, sino líbranos del maligno”.14 »Porque, si perdonan a otros sus ofensas, también los perdonará a ustedes su Padre celestial. 15 Pero, si no perdonan a otros sus ofensas, tampoco su Padre les perdonará a ustedes las suyas.

Una de las bases de la oración es el perdón. Dios nos amó, por eso nos mandó a su hijo Jesucristo para recibir perdón de todos nuestros pecados. Tenemos acceso a la presencia de Dios por lo que hizo Jesús en la cruz por nosotros. No podemos tener respuesta de Dios en nuestras oraciones si guardamos rencor y amargura en el corazón. Nuestras deudas han sido perdonadas de esa manera debo mostrar el perdón con todos aquellos que me rodean.

V. La Pertenencia de la Oración

16 »Cuando ayunen, no pongan cara triste como hacen los hipócritas, que demudan sus rostros para mostrar que están ayunando. Les aseguro que estos ya han obtenido toda su recompensa. 17 Pero tú, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara 18 para que no sea evidente ante los demás que estás ayunando, sino solo ante tu Padre, que está en lo secreto; y tu Padre, que ve lo que se hace en secreto, te recompensará.

Del hecho que somos sus hijos y pertenecemos a Él, damos lugar al ayuno y a la oración. El ayuno es una armadura tan fuerte por eso el enemigo nos engaña para no usarla. Es acompañado por la oración en el lugar secreto de Dios. “Tu Padre” que demuestra quienes somos en Él, nos ve cuando lo hacemos y nos recompensa. La recompensa de Dios es nuestra pertenencia en Él. Soy su hijo y tengo acceso a su trono. Hebreos 4:16Así que acerquémonos confiadamente al trono de la gracia para recibir misericordia y hallar la gracia que nos ayude en el momento que más la necesitemos.” No lo hacemos así no más, sino que Él es “Nuestro Padre” y nosotros somos sus hijos.

Vamos a su presencia,
Pastor Rocco